

Aunque Freud hizo al sexo (libido) una parte importante de la teoría psicoanalítica, el conocimiento de las prácticas y conductas sexuales estaba confinado en gran medida a sus casos clínicos y especulaciones de la comprensión de las costumbres sociales. No fue sino hasta las contribuciones de Alfred Kinsey y sus colegas (1948,1953) que la comunidad científica y el público estadounidense recibieron información confiable sobre las prácticas y costumbres sexuales. En la época en que fueron publicados, los hallazgos de Kinsey fueron considerados conmocionantes, provocadores y en ocasiones controvertidos. Más adelante los "investigadores sexuales" criticaron los enfoques de Kinsey del autorreporte o el cuestionario-entrevista como potencialmente prejuiciados. No obstante, los hallazgos de originales de Kinsey proporcionaron datos de línea base valiosos relativos a la incidencia y prevalencia de ciertas prácticas sexuales.

El el campo de la investigación sexual dio otro giro importante a fines de la década de 1960 cuando William Masters y Virginia Johnson publicaron sus obras seminales Respuesta sexual humana (1966) e Incompatilidad sexual humana (1970). En lugar de confiar en entrevistas o cuestionarios observaron en realidad la conducta sexual de sujetos voluntarios en el laboratorio mientras sus respuestas fisiológicas eran supervisadas con cuidado. Aunque algunos entre la opinión pública estadounidense objetaron esos estudios por cuestiones morales (la observación de parejas durante el coito, sexo oral y masturbación), Masters y Johnson hicieron mucho para legitimar el estudio científico de la conducta sexual. También disiparon muchos mitos tales como la creencia de que las mujeres eran menos sexuales que los hombres, que el orgasmo simultáneo entre hombre y una mujer era lo máximo en satisfacción y el mito del orgasmo vaginal en contraposición con el clitoriano. Pero quizá la contribución más importante de Masters y Johnson fue darnos una comprensión de lo que ahora se denomina ciclo de respuesta sexual humana "normal".

De manera reciente el Reporte Janus (Janus y Janus,1993) fue acogido con entusiasmo tanto por investigadores sexuales como por otros profesionales de la salud mental. En una encuesta a gran escala de muestra representativa realizada a lo largo de un periodo de nueve años (1983-1992), los Janus recopilaron datos relativos a las creencias, pensamientos y conductas sexuales de 1347 mujeres y 1418 hombres. Entre algunos de los hallazgos destinados a tener un efecto en nuestros pensamientos y conducta se incluyen los siguientes:
- A pesar de las preocupaciones por contraer enfermedades de transmisión sexual (ETS) y en especial el SIDA, la frecuencia de actividad sexual no ha disminuido y puede haber aumentado.
- Las creencias entre la declinación y disminución de la satisfacción sexual entre la población posmadura (aquellos que se encuentran entre los 50 y los 79 años de edad) son incorrectas - las personas de 65 años y más reportan sólo una actividad ligeramente menor que las personas entre los 30 y los 49 años.
- La educación, diferencias regionales,creencias políticas y nivel económico afectan las actitudes y prácticas sexuales de hombres y mujeres.


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